Qué España se convierta, al fin, en un Estado Laico, que no aconfesional, es algo que se tendría que haber conseguido hace mucho tiempo. Sin embargo, nunca es tarde y más si la dicha es tan buena; pues ésto no significa un ataque a la religión católica, simplemente es que la ciudadanía española es libre de creencias religiosas y de imposiciones en un derecho tan íntimo y personal y que como tal debe desarrollarse en el marco familiar y de la propia comunidad religiosa, nunca desde los centros docentes, ni públicos, ni privados, ni concertados.
Se seguirá respetando a todas las religiones, pero no se estará sometida a ninguna y en lo educativo nadie tendrá que examinarse de alguna religión específica, ni tener que elegir otra opción como asignatura docente.
No es ninguna prohibición; es una prueba de coherencia, libertad, igualdad y respeto. Y por más que lo pienso no consigo interpretar y dar otras connotaciones al asunto.
Por ello, como Educadora Social, siempre defendiendo las libertades ideológicas. culturales y religiosas de la ciudadanía, debo alabar esta iniciativa/propuesta socialista pues es un cambio que realmente iguala a las personas.
Ojalá que pronto sea una realidad que todas y todos podamos disfrutar.

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