Sólo un 0,02% de las denuncias son falsas y sin embargo la sociedad MACHISTA y medios de comunicación lo ensalzan para minimizar una escalofriante realidad: ¡¡¡qué la inmensa mayoría de mujeres maltratadas por sus maridos y/o ex parejas, JAMÁS denuncia!!! Sólo el 14% lo hace. Este dato es el qué nos debe dar vértigo, el que nos obligue a reflexionar de una puñetera vez.
Tienes suerte, maldito criminal y
actor por excelencia, el mundo las ignora porque no sangran ni serán un número
más en las estadísticas de asesinatos por violencia hacia las mujeres. Continúan
escondidas en su dolor, en su vergüenza, en su miedo, en su sentimiento de
culpabilidad, en el incesante eco de: “¿quién te va a creer a ti, ridícula
loca?”.
Y lo más indignante es que seguimos
ciegos; sólo vemos a los cuerpos sin vida cuando nos lo muestran en los medios
de comunicación como un mero caso más y a ese miserable 0,02% al que se agarran
hasta personas de lo más eruditas.
El estigma ya está servido y con
nuestros prejuicios, nuestras dudas, nuestra hipocresía, nuestra doble moral, nuestro
desinterés o comodidad le hemos entregado al maltratador el arma más potente.
Esta repugnante complicidad (que, por
supuesto pocas personas reconocemos) hace que nos convirtamos en seres humanos
impasibles ante la soledad de esas miles de mujeres vejadas que, en todo el
mundo, seguirán aguantando el tipo eternamente o hasta que la muerte…
Así lo predijo el maltratador, ese asesino
manipulador que, con su cara de cordero degollado, de sonrisa amable, con ganas
de jugar al pádel, salir de copas e incluso se atreve a ir de víctima y buen
padre gana juicios y derecho a visitas y custodias de hijas/os.
Él sabe que aún estamos fallando y que
la historia se seguirá repitiendo mientras no usemos las lentes adecuadas y
dirijamos nuestra mirada a los ojos de las víctimas –“muertas vivientes”, como
las definió en una charla, una mujer-- y hasta que logremos ser capaz de ver
el calvario que se esconde tras pupilas veladas.
Afortunadamente son cada vez más los
profesionales, las personas --agrupadas, asociadas o individualmente-- conscientes
de esta canallesca realidad (la mayoría porque, de cerca, han vivido o viven el
alarmante repudio social) y también tenemos leyes que de forma integral aborda
este tema (28 diciembre de 2004) y hombres, SÍ, HOMBRES de verdad, que también
están luchando por acabar con este atentado contra los Derechos Humanos pero,
tristemente, aún falta mucha gente que sea capaz de reconocer y dar la
prioridad que este genocidio psicológico, emocional y físico merece. Lástima
que alguna sea incluso mujer y bien letrada pero con demasiadas dioptrías.
Ojalá no lo tenga que sufrir.
En este alegato de reconocimiento del
derecho a la Igualdad, cuyo cimiento es la EDUCACIÓN, es bienvenido cualquier
ser humano, siempre que vaya por derecho y no aproveche la coyuntura para
lograr beneficios personales y no importa la siglas que abanderen porque las
mujeres maltratadas son de derechas, izquierdas, centro, republicanas,
monárquicas… no olvidemos que los asesinos no las machacan por su ideología sino
porque son mujeres que no desean ser sumisas y sólo quieren pertenecer a sí
mismas. Y, atención, cada vez son más jóvenes.
Pronto al impostor y criminal –y a
quienes miran para otro lado-- se le caerá la máscara de vergüenza.
No estamos ante una moda, ni una fecha
para conmemorar sino ante una inminente y necesaria concienciación colectiva. Vamos
a insistir al unísono, trabajamos sin descanso para conseguir los medios, formación
y recursos necesarios. Nos comprometemos a hacer de ésta una causa común y
diaria, desde casa, las escuelas, las instituciones, en la calle, en los medios
de comunicación. No nos quitaremos las lentes, MUJER.
Nota para los amantes de porcentajes: El
número que aumentará es el de las supervivientes.
(*) Gracias a todas las mujeres y hombres; las asociaciones de mujeres; al IAM; centros educativos; casas del pueblo socialistas y todas las agrupaciones e instituciones que están aunando sus conocimientos, recursos y esfuerzos para lograr una Igualdad desde la Educación.
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| "...Vamos a ser capaz de ver el calvario que se esconde tras pupilas veladas". |
