martes, 6 de agosto de 2013

Violencia de Género (II) SUPERVIVIENTES

VIOLENCIA DE GÉNERO (II)
SUPERVIVIENTES
Una mujer que --con el beneplácito de una sociedad que normaliza hasta lo innombrable, es vapuleada, ninguneada, subordinada, agredida hasta las entrañas-- es capaz de salir del estado comatoso del maltrato de género, de recuperar su consciencia, ya no es una víctima; es una superviviente y como tal necesita que se la refleje.
Salvo honrosas excepciones, por supuesto, la superviviente, detesta ser señalada, no quiere encasillamientos que le recuerden su aberrante y antigua prisión. Y, menos, aun que se le asigne el rol de la victimización. Ahora son capaces de elegir sus vestimentas.
Son mujeres que despertaron junto a ellas; que se pertenecen a sí mismas. Escaparon del aislamiento y del “cállate la boca, qué sabrás tu, loca”. Se desprendieron del encadenamiento al miedo, la culpa y la vergüenza. Ahora no les motiva gritar; muestran un alarde de discreción y orgullo que las enaltecen. Titulemos con ello. Ya no hay lugar a la cuestionalización.
La etiqueta de víctima-sufridora-mujer-discriminada que la sociedad y los medios de comunicación, por cómoda inercia, les asigna, ya no va con ellas, pues la realidad es que su reconstrucción interna incluyó superar el largo y penoso trance de esa desvalorización; el inenarrable sufrimiento provocado por las amenazas, humillaciones, ridiculización, descalificación, ninguneo constante de sus opiniones, golpes físicos, exigencia de obediencia, aislamiento, control y sometimiento económico...
Se han ganado a pulso su nueva situación de mujeres combativas que se recompusieron frente a la adversidad y que aprobaron con nota el ejercicio de autoestima que tan vilmente le fue vulnerado por el canalla maltratador. Luego, es de justicia reflejarlas como tal.
Son mujeres que quieren y pueden esgrimir la bandera de la libertad, de la victoria, del existo, del “Ahora, me toca a mí. Lo he conseguido”.
Vuelven a tener nombre propio; la mayoría no porque denunciaron, sino porque se las consiguió alejar de su maltratador. Pero lo lograron.
Cierto que, en su intimidad, aún les quedan lágrimas por brotar, pero en público, esbozan una sonrisa inconfundible.