El concepto de violencia de género, que no, doméstica, ni general, surge tras la manifiesta e impuesta, siglo tras siglos, subordinación de la mujer ante el hombre y lo masculino y posee un entramado tan extremadamente complejo y tan lamentablemente arropada por esta --lo reconozcamos, o no-- sociedad patriarcal y androcéntrica que, para acercarnos un mínimo al sorprendente fenómeno del PORQUÉ LAS MUJERES NO DENUNCIAN O SE ALEJAN DE SUS VERDUGOS, podríamos realizar el ejercicio de cambiar el término por el de asesinato sutil.
Nos hemos preguntado hasta la saciedad cuál es el motivo que obliga --¡SÍ, OBLIGA!—a estas mujeres a permanecer en silencio o junto a sus maltratadores aunque se les ofrezca variada y profesional ayuda para conseguir el alejamiento o la denuncia.
Después de varios años de terapias entre especialistas y mujeres y de haber oído y/o leído variopintas conclusiones tales como: son unas cobardes; en el fondo les gusta, parece que disfruten o no estarán tan mal; sarna con gusto no pica; pero si se les ha ofrecido una salida; cómo pueden seguir enamoradas de un canalla semejante, todavía creen que él va a cambiar; no les importan sus hijas e hijos; no se quieren así mismas; tienen miedo a perder la estabilidad económica; no las entiendo....Y observar como hasta el personal terapéutico, amistades y/o familiares tiran la toalla pues no consiguen ponerse en los zapatos de estas mujeres es harto triste y, a veces, indignante. Este conglomerado de enigmas existe porque estos hombres no son sus maltratadores; son sus asesinos, acaben con sus cuerpos o no.
Llegar a esta conclusión da escalofríos, pero es la más certera que podemos esgrimir. Cualquier persona que haya visto a un ser humano en coma, se acercará al entendimiento de la comparación.
Esos torturadores y el efecto residual de una cultura machista de la que aún estamos impregnadas las personas, da igual de qué sexo, han ido sesgando cada partícula de la personalidad de la mujer, de su esencia, su identidad y lo hacen con una guadaña tan refinada que sólo su víctima percibe el despiece o descuartizamiento. Cuando ya no queda un ápice de ella y todo su interior queda en poder del asesino el resto de individuos sólo vemos un cuerpo (demasiadas veces, también magullado y mal herido, incluso ya fallecido) y escuchamos los lamentos, pero se nos escapa que sólo es el eco de ultratumba pues la mujer ya no tiene voluntad propia. No existe. El crimen se perpetró lenta y sutilmente. Le absorbieron la capacidad del raciocinio. Entró en coma. Sin defensa, sin reflejos, sin conciencia ¡sin capacidad de reacción!... Y, aunque aberrante, sólo una persona es su respirador artificial. Aún así, no deberíamos pasar por alto que todas son mujeres agónicas por despertar. Afortunadamente, cada vez son más a quienes se las logra rescatar de esa profunda sedación. Compleja realidad.
3 comentarios:
Genial Marilo. Te animo a que sigas escribiendo.
Muchas gracias. Lo haré. Pero ¿por qué me haces un comentario tan positivo y lo firmas cómo Anónimo?
Un abrazo.
Muy bueno amiga, solo difiero cuando hablas del término masculino.
Es un género no una actitud jeje. Y además es lo que hace que una mujer se enamore de un hombre, su masculinidad que no tiene nada que ver con su homónimo, el Machismo que es lo que en realidad mata.
Por lo demás, te expresas bastante bien y me ha encantado tu artículo.
Un abrazo!
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