Hace tiempo leí un artículo de
Paqui Godoy en EL CORREO, quién muy certeramente se preguntaba: "¿De
verdad para ustedes es un buen parlamentario una persona que suelta un discurso
de dos horas plagado de tecnicismos en el que no se le ve el corazón ni un solo
minuto?", con tristeza reflexiono: no tienen corazón; ni alma; ni
conciencia, luego difícilmente se les puede ver. No me sorprendo. Las cifras de
desempleo del país corroboran que se malvive en un injusto descalabro de
impotencia, desesperación, agonías... y esta inmoralidad --lo es que la gente
se suicide porque ya no les queda más que perder que la propia vida-- sólo la
puede permitir quien no tiene corazón, sólo ansias de dominio. Conjeturarán que
así logran su propia felicidad.
No escribo una barbaridad. Atrocidad es lo que ellas y ellos permiten que
acontezca en el Estado que gobiernan y al que representan, me da igual desde el
partido político que lo hagan y los tecnicismos que utilicen para escudarse.
Ya
ningún color me impresiona. Me estremece la frialdad de gente sin corazón, pero
con avidez de poder y dinero y desnudez absoluta de vergüenza.
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